Steve Jobs dejó la universidad a los 17 años, pero siguió asistiendo a algunas clases. Aunque no terminó sus estudios, aprovechó las asignaturas que consideraba relevantes. La caligrafía fue una de ellas. Esta disciplina, según la fuente, influyó en el diseño del primer Macintosh. Jobs vivía en condiciones precarias, dormía en el suelo y recolectaba botellas por cinco centavos. A pesar de su situación económica, mantuvo su interés por la tecnología y el diseño. Su decisión de abandonar la universidad fue un punto de inflexión en su vida. La caligrafía, sin embargo, se convirtió en una herramienta clave para su futura innovación. La historia destaca su capacidad para priorizar lo que consideraba importante, incluso fuera del entorno académico.