La política de hijo único en China, vigente durante más de treinta años, fue derogada en 2016. Esta medida, implementada para controlar la población, limitaba a una sola descendencia por familia. Aunque se permitió tener dos hijos en 2016, la tasa de natalidad sigue en declive.

La decisión de eliminar la restricción fue anunciada por el gobierno chino como un intento de revertir la disminución de la población. Sin embargo, los datos demográficos muestran que el número de nacimientos sigue siendo menor que el necesario para mantener la población estable.

La política de hijo único fue introducida en 1979 y aplicada hasta 2015. Durante ese periodo, millones de familias se vieron afectadas, con medidas de coerción en algunos casos. A pesar de los cambios recientes, la sociedad china sigue enfrentando desafíos en la reproducción.

La baja natalidad ha generado preocupaciones sobre el futuro económico y social del país. El gobierno ha lanzado campañas para animar a las familias a tener más hijos, pero los resultados han sido limitados.

La situación refleja un desafío demográfico complejo, con implicaciones a largo plazo para la economía y la estructura social de China. La política de hijo único, aunque ahora derogada, ha dejado una huella profunda en la sociedad.