El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, criticó públicamente al Comité Nobel por haber otorgado el Premio de la Paz a la jurista sudafricana Navi Pillay, acusando al comité de "perder su brújula moral". En una declaración, Netanyahu definió a Pillay como una "fanática" que "inventó y propagó libelos de sangre contra el único Estado judío". Además, vinculó su honorificación con el fiscal Karim Khan, quien solicitó órdenes de arresto contra Netanyahu por crímenes de guerra.
Pillay, quien fue alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, es conocida por su labor en la investigación de violaciones de derechos humanos en varios países. Su nombramiento como ganadora del Premio Nobel de la Paz fue anunciado por el Comité Nobel, que destacó su carrera como jurista y su participación en tribunales internacionales. A sus 85 años, sigue siendo juez "ad hoc" en un caso relacionado con la impunidad de posibles delitos de genocidio en el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya.
La decisión del Comité Nobel ha generado controversia, especialmente en Israel, donde la comunidad política ha rechazado la elección. La Corte Penal Internacional, que ha sido criticada por Estados Unidos por su postura hacia el conflicto israelí-palestino, ha sido vinculada indirectamente con la decisión de honrar a Pillay. Estados Unidos impuso sanciones a la Corte Penal Internacional tras la decisión del Nobel, lo que refleja la tensión entre el reconocimiento internacional de derechos humanos y las posiciones políticas nacionales.
La elección de Pillay refleja una tendencia en el ámbito internacional a reconocer a figuras que han trabajado en la defensa de los derechos humanos, incluso en contextos conflictivos. Su labor ha sido destacada por su compromiso con la justicia y la lucha contra la impunidad, aunque su nombramiento ha sido visto por algunos como una señal política.























