Israel cerró las urnas con la mayor participación en cuatro décadas, según datos preliminares. La afluencia alcanzó el 74,3% en las primeras horas de cierre, un récord en la historia del país. Los comicios, considerados clave para la continuidad del primer ministro Benjamín Netanyahu, se celebraron en un contexto de tensión regional tras los ataques de Hamás en octubre de 2023.

Netanyahu denunció intentos de fraude por parte de la izquierda y partidos árabes, acusándolos de intentar "robar las elecciones". Aunque pidió esperar a los resultados definitivos, expresó su apoyo a un gobierno que no incluya a los partidos árabes y antisionistas. La campaña electoral se desarrolló bajo la sombra de la guerra en Gaza, que sigue generando controversia internacional.

Las elecciones marcan un punto de inflexión en la política israelí. Netanyahu, líder del partido Likud, busca mantener el control del poder tras décadas de debates sobre la formación de coaliciones. La participación histórica en las urnas refleja un interés ciudadano elevado, aunque la polarización política sigue siendo un factor determinante en los resultados. El contexto de la guerra en Gaza y las tensiones con los palestinos influyen en la dinámica electoral.