El 25 de octubre, los brasileños votaron en el segundo turno de las elecciones presidenciales, en una jornada que enfrenta al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva contra Flávio Bolsonaro, hijo del ex mandatario Jair Bolsonaro. Las urnas abrieron a las 8 de la mañana y cerrarán a las 17, hora de Brasilia, en un balotaje que define el futuro político del país.
Lula, líder del Partido de los Trabajadores (PT), busca su cuarto mandato, mientras que Bolsonaro, candidato del Partido Republicano (PR), representa la continuidad de la derecha. Las encuestas muestran un empate técnico entre ambos candidatos, con ambos en torno a 50 puntos. La campaña ha estado marcada por acusaciones de ambos lados: Lula denuncia una estrategia de gobernar bajo la influencia de Estados Unidos, mientras Bolsonaro exige un cambio de rumbo para el país.
El contexto de la elección se inscribe en un periodo de polarización política en Brasil. Lula, quien fue encarcelado en 2018 por supuestos delitos de corrupción, ha recuperado su popularidad tras su liberación en 2021. Su candidatura representa un retorno a la izquierda, mientras que Bolsonaro, apoyado por una base conservadora, busca consolidar su influencia. La elección podría marcar un giro hacia la derecha en América Latina, un continente donde el conservadurismo ha ganado terreno en los últimos años.
La jornada electoral ha sido seguida con atención nacional e internacional, con expectativas altas sobre el resultado. La segunda vuelta define no solo el futuro del gobierno brasileño, sino también el rumbo del país en un contexto de crisis económica y desafíos sociales.



















