En octubre de 1992, una pelea entre presos en la cárcel de Carandiru, San Pablo, Brasil, derivó en una masacre. La prisión, ya sobrepoblada, fue escenario de un enfrentamiento que terminó con la muerte de 111 personas. Los policías militares y soldados del Ejército entraron a controlar la situación y dispararon a mansalva contra los reclusos.

La violencia se desató tras una disputa entre grupos dentro de la cárcel. Los oficiales, al intentar reestablecer el orden, utilizaron la fuerza letal sin distinción. Entre los muertos se encontraban presos que no ofrecieron resistencia. Los supervivientes y peritos revelaron que los cuerpos de los detenidos fueron ocultados para encubrir los asesinatos.

La masacre de Carandiru es considerada el mayor asesinato masivo en una prisión de América Latina. El incidente generó una gran conmoción en el país y llevó a una investigación que reveló la participación de autoridades en el encubrimiento. Aunque el caso fue cerrado en 2003, su impacto persiste en la memoria colectiva brasileña. La situación refleja los desafíos persistentes de la seguridad y el sistema penitenciario en el país.