Una explosión química en una planta de residuos radiactivos en Mayak, Rusia, ocurrió el 29 de septiembre de 1957. El incident, relacionado con un fallo en el sistema de refrigeración, provocó la liberación de sustancias altamente contaminantes en la zona. Aunque el evento fue registrado internamente, permaneció oculto al mundo durante tres décadas. La contaminación afectó ampliamente los Urales soviéticos, con consecuencias a largo plazo en la salud y el medio ambiente. No se realizaron informes públicos hasta mucho tiempo después, lo que generó preocupación sobre la transparencia en la gestión de desastres nucleares. La investigación posterior reveló la gravedad del incident, pero su impacto sigue siendo un tema de estudio en la historia de la seguridad nuclear.